Un día una fuerza interior te recorre y sientes un impulso que te dice: “sí es el momento, me voy a hacer un voluntariado”, tras esta fase inicial comienzas la búsqueda de alternativas y “Kassumay” se cruza en tu camino, te parece una buena opción, Senegal te atrae y definitivamente decides comenzar la aventura ¡Que maravillosa decisión!

Tras los preparativos habituales antes de irte a un país del África Occidental llega el día de partir con una mochila cargada de ilusiones, nervios, expectativas, anti mosquitos, protección solar…pero sobre todo cargada de muchas ganas de conocer nuevos horizontes, compartir vivencias y aprender de la cultura senegalesa. Ese día te bajas del avión y todos los estereotipos sobre África comienzan a desmontarse delante de ti y caen uno tras otro como en efecto dominó, empiezas a absorber información, una serie de sensaciones empiezan a invadirte y  quieres que el tiempo se detenga y poder asimilar todos los olores, todos esos paisajes, las vestimentas de sus gentes…

Una vez instaladas en Mbour, donde Kassumay colabora con la pouponnière  (estructura de acogimiento familiar para niños con necesidades especiales), con un dispensario médico, con una escuela y con un programa de gestión de limpieza de playas, comenzamos nuestras tareas de voluntariado durante un intenso mes que recordaremos toda nuestra vida. Allí la gratitud se percibe desde el primer momento, las sonrisas  y el amor que desprenden esos niños que se tienen que hacer mayores antes de tiempo es una sensación única y muy difícil de explicar, la vida comunitaria que sigue tan latente en Senegal, sus oficios tradicionales, su ritmo pausado que te hace olvidarte de la palabra estrés, esos niños que corretean detrás de ti al grito de toubab,  el bullicio de sus mercados, su maravillosa costa… te cautiva día a día y sientes dentro de ti que estarás ligada a Senegal de por vida.

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Pero nada de esto habría sido igual sin el apoyo de Leticia Varela directora de Kassumay, las maravillosas y maravillosos voluntarios que hemos podido conocer y a los que ahora nos une una bonita amistad a pesar de la distancia que nos separe, pero sobre todo sin la ternura de esos niños tan especiales de la pouponnière.

KASSUMAY GRACIAS POR HABERTE CRUZADO EN MI CAMINO Y GRACIAS POR HABER HECHO DE ESTO UNA EXPERIENCIA QUE NUNCA PODRÉ OLVIDAR.

 

Paula Frieiro


  • Published: 2 años ago on 7 abril, 2016
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  • Last Modified: abril 7, 2016 @ 10:11 am
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