Ojalá África me haya contagiado algo de su calma.

Ojalá perdure tiempo en mí el eco de las risas de sus niños.

Ojalá su arena roja, su bosque verde, su cielo azul, sus telas y barcas de mil colores se hayan grabado con fuerza en mi retina.

Que perduren también las amistades, esa gente maravillosa con la que me he cruzado y con la que he convivido, que se me impregnen sus ganas y su coraje, su altruismo y alegría.

Que la Maison Jaune esté siempre llena de gente como ellos, que cada mañana pongan rumbo a la Pouponière, donde buscarán sus abrazos decenas de niños como los que yo hoy echo de menos: Rama, Famara, Awa, Nabu, Jean Paul, Fatu, Mohamed, Adama…y tantos otros que, a pesar de no tener nada, te regalarán las sonrisas más grandes y puras, las miradas más claras y profundas, pues un minuto de tu tiempo para ellos es algo muy valioso, y para mí, cada uno de los que he pasado con ellos vale su peso en oro.

Ojalá más gente sin prisa se anime a compartir su tiempo con ellos, a embellecer sus playas, a regatear en sus mercados, a navegar por sus lagos.

A ellos les pido, cuídenmelos, cuídenmela.

Kassumay, África.

PD: Esta experiencia no hubiera sido posible sin el apoyo de una ONG con un corazón tan grande como es Kassumay, en especial a Leticia y a Oumar, un apoyo humano excelente que ya estando en España o en Senegal, siempre ha parecido tremendamente cercano. Jërë jëf y todo mi apoyo para seguir luchando por un mundo más justo.

Ana Gamallo.


  • Published: 2 años ago on 7 abril, 2016
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  • Last Modified: abril 7, 2016 @ 10:15 am
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