SOLE GIMÉNEZ

Presidenta del Comité Honor Kassumay

sole jimenez kassumay

 La pasión es lo que mueve las voluntades y consigue cambiar el mundo.

Cuando Leticia, alma mater de esta organización, fue por primera vez a Senegal descubrió su verdadera pasión: ayudar. Desde entonces hasta hoy esa pasión contagiosa es la que ha conseguido que se construya este sueño que une a dos mundos con la firme voluntad de hacer que mejoren ambos.

Porque Kassumay lleva toda su ayuda a las gentes de Senegal y les hace participar del cambio pero también los senegaleses hacen que las personas de esta asociación vayan cambiando haciéndose cada día más concientes de las miles de cosas que nos unen a todos y que en definitiva por muchas barreras físicas, lingüísticas, o culturales que nos separen, en el fondo todos somos iguales. Ése es el milagro que la cooperación internacional consigue realizar, que la pasión y la alegría que mueve la voluntad de ayuda al prójimo consigue, además que dejemos de ser extraños y nos convirtamos en hermanos que trabajan para mejorar nuestros pequeños mundo, tanto físicos como mentales e incluso espirituales.

Por todo ello, por toda esa pasión, esa energía renovadora y brillante que tantos logros esta alcanzando en esta empresa, es por lo que para mi es un inmenso honor presidir éste comité, porque sé que con tan buenos propósitos y  tanto mejores resultados se consigue que las barreras desaparezcan, los prejuicios y los miedos se anulen y las personas florezcan en un nueva vida llena de paz.

¡Merece la pena!

Sole Giménez

Cantante

PEDRO PIQUERAS

Pedro Piqueras

Hace dos años pasé la Navidad en Senegal. Fui con dos propósitos: conocer el país africano y visitar la maternidad que la ONG Kassumay había levantado en una población cercana a la ciudad de Saly.

Del país no voy a hablar; ya sabemos que es un exponente de la bomba demográfica en que se ha convertido aquel continente y de las migraciones que parten desde sus puertos abarrotados de cayucos, para pescar o para huir. Quiero contar algo diferente, hablar – aunque sea brevemente- de la organización que dirige Leticia Valera.

Llegué allí después de viajar por Dakar, Sant Louis, visitar reservas de animales salvajes entre baobabs, asistir a combates de lucha senegalesa o impregnarme del fortísimo olor de los puertos donde ahúman y salan el pescado… África es como es: colorista, dura, primitiva, vital y -muchas veces- sucia… Sí, sucia. Llaman la atención sus grandes extensiones de terreno cubiertas de plásticos y basuras sin tratar y sin que nadie haga lo más mínimo por cambiar ese estado de cosas.

En medio de todo ello apareció Kassumay: La maternidad, el dispensario, las salas de costura, los pozos de agua, los molinos para el mijo… El sueño de Leticia Varela en un poblado lleno de niñas arrastrando muñecas y chavales con camisetas de Messi y balones esperando crecer para dar el salto a Europa; quizá. Me pareció que aquel espacio y las salas de juegos llenas de pequeños limpísimos y bienolientes eran algo así como una especie de paraíso. Era el contraste con todo lo que había visto anteriormente en aquel país donde miles de niños mendigan unas monedas o un trozo de pan animados por los “talibés”, esos dirigentes religiosos que a veces resultan ser explotadores del hambre de los más débiles.

Sí, los niños de Kassumay -cómo olvidarlos- eran de otra manera. Aquel pequeño que se me abrazaba con tanta fortaleza… o aquellas niñas que con cinco o seis meses se arrastraban felices por aquella colchoneta limpísima bajo la mirada de sus cuidadoras eran, y estoy seguro de que es así, el embrión de lo que África tiene que empezar a ser…

Por todo lo realizado y por lo mucho que tienen que hacer, me atrevo a pedirles la ayuda que Kassumay y Leticia les piden. Simplemente porque es de justicia… Les invito a que se acerquen por allí; verán que lo que digo es absolutamente cierto.

Pedro Piqueras

Periodista

BLANCA SUELVES

Blanca Suelves

sole jimenez kassumay

Hace unos años me llamaron de la revista Telva para colaborar en un reportaje de su sección de Solidaridad. Tengo 50 años y he trabajado muchos de ellos en comunicación, tanto en revistas como en televisión. Durante esos años, me ofrecieron para distintas ONGS hacer algún tipo de reportaje. Siempre fui muy reacia y no sé si acertadamente o no, decliné hacer nada público al respecto, sintiendo que mi forma de ayudar siempre sería íntima, privada, y sin buscar ningún tipo de protagonismo encubierto.

Hasta que me presentaron Kassumay. Proyecto y vida de Leticia Valera; una mujer extraordinaria y sencilla, que hasta ese momento yo no conocía.

Hablamos. Y su entusiasmo sin exageraciones, su humildad, pero con una fuerza arrolladora, me convencieron para viajar juntas y presentar su adorado Kassumay a la gente. Podría decir muchas cosas. Todas ciertas. Pero para mí lo más importante, es que después de aquellos días, mi relación con Kassumay no quedó en un reportaje más, de un número más, de una revista más. He seguido colaborando con ellos, en lo que puedo, confiando plenamente en su gestión; porque lo ha demostrado. Y he seguido viendo los pequeños pero grandes avances que se pueden lograr con esfuerzo, entrega , inteligencia y amor, que es lo que Leticia Valera les ofrece.

Podría hablarles de los 50 niños que apadrinan, de los dos pozos de agua ( como dos Milagros) , de las 3.000 casos que atiende el dispensario médico y cómo está mantenido de impecable, de la Maternidad , de los molinos ; que desgranan y muelen el mijo ( y lo que para ellos supone en calidad de vida, esfuerzo físico e ingresos con las ventas de excedentes ), del taller de costura, en el cual trabajan 10 mujeres o en el de Formación , en el cual aprenden a leer y escribir, a ser autónomas y crecer como seres humanos para llegar a sentir que pueden decidir su futuro con más seguridad e ilusión cada día ….podría hablarles al detalle de todo ello, pero sólo quiero añadir, que Kassumay no es una gran ONG, pero tampoco pequeña. Y muchas personas dependen de las acciones de Leticia Valera para seguir creciendo, evolucionando e incluso, viviendo.

Leticia hace las cosas en profundidad. Y como buena gestora, ha sabido crear en Mbour un equipo de gente eficaz y noble, que la respetan la escuchan y trabajan con orgullo en su Kassumay del alma.

Agradezco que lean estas líneas, escritas con el corazón. Pero también porque apoyo firmemente este proyecto ejemplar. Y si no estuviera plenamente convencida de lo dicho, nunca sería yo la que firmase.

Blanca Suelves

CARLOS ÁLVAREZ

carlos alvarez kassumay

Kassumay o la responsabilidad

Senegal tiene una frontera norte virtual que limita, aquí y hoy, con la solidaridad valenciana. Esa línea se ha hecho prácticamente invisible gracias a los esfuerzos de las personas y las entidades que colaboran en el sustento de los proyectos que Kassumay intenta llevar a cabo tanto en el país de origen como con los senegaleses que habitan entre nosotros y que, aún, necesitan nuestro apoyo para consolidar su plena integración en esta sociedad.

Nuestra solidaridad no sólo ayuda a la población del sur y noroeste del país, donde centra su actuación la organización Kassumay creando un dispensario médico y una escuela, ayudando a la alfabetización e incentivando la creación de recursos propios con talleres de manufactura, sino que, además y desde aquí mismo, Valencia, promueve el comercio y el turismo justos, junto a la acción directa en la población de inmigrantes que acuden a los servicios de apoyo y consulta de la asociación.

Será esta última, posiblemente, la más consecuente de las acciones solidarias que podamos desarrollar para hacer que nuestra sociedad, atenta las más de las veces a acudir en ayuda de situaciones más o menos puntuales, se entere de que entre nosotros cohabitan los que, con su mejoría, darán un impulso al desarrollo de su país desde la distancia del emigrado forzoso.

Por ello, apoyo las iniciativas y los objetivos de Kassumay e invito a cuantos se sientan solidarios y responsables a sumarse a este esfuerzo.

Un cordial saludo.

Carlos Álvarez

Barítono

SITAPHA SAVANE


savane sitapha kassumay

Muchos creen que las cosas ocurren por casualidad.

Yo creo que el destino tiene mucho que ver a la hora de poner ciertas personas o oportunidades en nuestro camino. El destino juntó mi camino y el de la fundación Kassumay. Ocurrió en la primera visita de mi pareja y hijo al orfanato de M’bour. Nos enseñaron el nuevo dispensario que había construido una Fundación basada en Valencia. Siempre me alegra de una manera muy especial ver gente de mi país de adopción ayudando a mi país de origen, y no dudé un segundo en ponerme en contacto con ellos. Pero lo que no me esperaba era que tras una sola conversación con Leticia, iba a tener tan claro que somos “del mismo equipo” y Vice versa. La llamé para ofrecer mi ayuda. Ella me abrió la puerta y me invitó a formar parte de la familia Kassumay.

En el baloncesto, el trabajo en equipo lo es todo.

Ni el mejor jugador de la historia, Michael Jordan, fue capaz de ganar su primer campeonato hasta entenderlo y confiar más en sus compañeros. Pues trabajando juntos, no tengo la más mínima duda que lograremos mejorar la realidad de mucha más gente y darles lo único que piden.

Una oportunidad en este mundo…

Sitapha Savané

Ex jugador de baloncesto  

REMEDIOS CERVANTES

kasssumay

A veces las casualidades no son simplemente “casualidades”. Turandot me ha cogido de la mano y me ha llevado a conocer Kassumay, me explico:

Hace unos días me encontraba con unos amigos deleitando mi alma con la ópera Turandot en el Palau de Les Arts Reina Sofía. Entonces Leticia, presidenta de esta maravillosa ONG comenzó a contarme entre actos y después los fines del proyecto Kassumay. No daba crédito al escuchar que en Senegal hay un médico cada 70.893 habitantes, que cientos de mujeres senegalesas mueren en el paritorio y el 20% de los bebes que nacen fallecen en menos de una semana. Sabemos que esto sucede en muchas partes del mundo pero cuando te lo cuenta gente que lo conoce de primera mano adquiere otra dimensión.

¡Madre mía!, verdaderamente no nos damos cuenta de lo que tenemos aquí porque no miramos con la intensidad que corresponde lo que ocurre allí, en Senegal y en otros muchos rincones del mundo. Sin olvidar, claro, de la falta de higiene, la hambruna, la escasez de sanidad, falta de agua y de un sinfín de “normalidades” nuestras por las que muchas veces protestamos, en nuestro derecho, pero sin saber que tenemos oro comparado con la vida seca que ellos llevan.

Dicho esto es un honor que esta ONG, que ayuda a paliar esos dramas lejanos en la distancia pero cercanos en el corazón, quiera contar con mi humilde aportación en lo que pueda ofrecerles. Yo colaboro activamente en Cudeca, dedicada a los enfermos del cáncer y ahora lo haré también con Kassumay. Los que tenemos una imagen pública y por una u otra razón tenemos la forma de llegar a más gente tenemos la responsabilidad de contribuir, de apoyar a estas organizaciones. Todos y cada uno de los objetivos que tienen en Kassumay son de admirar, su labor, su trabajo y querer de algún modo como decimos en mi tierra “meterse en líos” por ayudar a los demás, y qué bueno “meterse en estos líos”. Me llena de orgullo que queráis contar conmigo para esta andadura.

Estoy segura de que voy a aprender mucho de gente como vosotros y que entre todos haremos, como en Turandot que el amor prevalezca ante el odio y también, la solidaridad a la indiferencia.

Remedios Cervantes


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