En el pueblo de Thiadiaye vive Rosalie, una mujer que desde muy pequeñita ha sido muy desgraciada. Rosalie no sabe lo que es sonreír.

Desconoce lo que es el cariño, la alegría y la felicidad. Sin embargo, el sufrimiento le ha acompañado siempre.

A los seis años Rosalie enfermó y se quedó paralítica y a los 12 huérfana de padre y madre. Sola y sin ayuda, literalmente arrastrándose, Rosalie conseguía llegar hasta el mercado donde un sastre le enseñó el oficio de coser.

Hoy en día Rosalie tiene muletas pero las piernas y los pies hinchados, morados, fuertes dolores y desnutrición. Su MOVILIDAD es demasiado reducida, ES PRECARIA.

En su lucha por la supervivencia camina en estas dificilísimas condiciones 4 kilómetros todos los días para llegar hasta un taller donde cosiendo gana para comer. ROSALIE NO SONRIE, sufre y NO PUEDE CAMINAR.

Las pésimas condiciones de vida de Rosalie le auguran un futuro desgarrador.

Rosalie necesita UNA SILLA DE RUEDAS, ASISTENCIA MÉDICA Y BUENA ALIMENTACIÓN de manera urgente, todo ello se hará realidad CON UNA VERDADERA Y DIGNA MOVILIDAD.

¡ROSALIE APRENDERÁ A SONREIR!

Este impresionante ejercicio de fortaleza y voluntad, además de ser absolutamente ejemplar, nos lleva a descifrar el enorme papel que ejerce la mujer en África, ya que son la columna vertebral del continente, y el grado de menosprecio en el que se encuentran.

Son 120 mujeres en Thiadiaye las que puede contar una historia similar.

Thiadiaye es una población rural pobre, muy pobre. A la precariedad de estas vidas, la escasez de recursos y la lucha por la subsistencia de sus familias se une su PRECARIA MOVILIDAD, NO PUEDEN CAMINAR.

Si seguimos los ODS (objetivos de desarrollo sostenible), con la ejecución de este proyecto de cooperación en Thiadiaye, LA MEJORA DE LA MOVILIDAD y CALIDAD DE VIDA DE 120 MUJERES, contribuimos:

  • Al fin de la pobreza
  • A la salud y el bienestar
  • A la igualdad de género
  • Al trabajo decente y crecimiento económico
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